DIRECTORES-PROFESORES DE TEATRO: Federico Herrero y Nicolás Francisco Herrero, afirman, por un lado se reconoce que el actor debe verse afectado por las sensaciones que desea trasladar al espectador; por el otro, se llama la atención sobre la necesidad de utilizar un sistema preciso de expresión, con una mirada peculiar, un tono y unos gestos apropiados a las distintas emociones.
Si en Grecia y en Roma fueron muchos los autores que alcanzaron prestigio, en la edad media la interpretación, ambulante y anónima, recayó en manos de juglares, cantores y acróbatas, al tiempo que la Iglesia Católica desarrollaba sus propios géneros, en los que los sacerdotes tendrían ocasión de mostrar su talento dramático.
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